sábado, 25 de junio de 2011

My good fellow.

Perdonadme el liricismo de esta entrada, pero me voy a dejar llevar por los sentimientos.

Nunca es fácil decir adiós, menos cuando se trata de alguien que se muere, máxime cuando ese alguien se ha dedicado toda su entera vida a los demás.

Él era amable, siempre dispuesto a escuchar todo lo que tuvieras que decir. Me acompañó y apoyó desde el principio de esta aventura en Inglaterra. Era una de esos, además, al que fácilmente le podáis contar cualquier cosa, sabía guardar los silencios adecuados. No era fácil sacarle las palabras, sobre todo últimamente, cuando el final estaba cerca.

Pero la vida se le fue apagando poco a poco, se fue consumiendo y su cuerpo está como vacío, hueco por dentro. ¡Cuán paradójica la vida! Ahora parece mentira que de ese trozo inerte de materia alguna vez hubiera salido de vida, ganas de vivir, de escribir su propia historia de su vida (muchas y muchas páginas, me temo)...

Siempre nos cuesta más asumir este tipo de tragedias cuando además se trata de alguien joven. Él no tenía un año de edad, y sin embargo ya tenía más de una cicatriz de la vida, pero él nunca se quejó de ello.

Solo puedo decir que tuvo una vida digna, que puede que conozca otros ya que el mar está lleno de peces según me cuentan, pero nada ni nadie va a reemplazarle.

Hasta el final dio sus últimos coletazos.



Mi ajado amigo era donante de órganos y dejará que su capuchón lo use quién más lo necesite, pero él no aceptó una transfusión. Dijo con una resignación absoluta propia de un héroe que había llegado su hora.

No, a éste no le tiraré por el váter como a mi último buen querido amigo.

Además, tengo la regla.

http://www.youtube.com/watch?v=7BrYtrgSutE

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